A PLENO PULMÓN
Entre leer y no leer

A PLENO PULMÓN<BR>Entre leer y no leer

Se ha dicho que el hábito de leer está  a punto de perderse; que cada día se lee menos en países con ricas tradiciones culturales y magníficos sistemas de instrucción publica.  Los diarios y otras publicaciones periódicas, tratan de medir cuantos lectores se dignan echar una ojeada sobre sus paginas de los lunes…o de los domingos.  Algunos técnicos de la comunicación dicen pomposamente: “debemos cuantificar la lectoría”. Se estima que en los países pobres, con poblaciones de pocos ingresos y gran número de analfabetos, los lectores escasean aun más.   Personas sin dinero en los bolsillos y sin educación suficiente, no tienen ningún interés en “consumir” libros.

Individuos que no tienen la costumbre de comprar libros leen, no obstante, numerosos escritos en “sitios” de la red de “Internet”, sea en la casa o en sus lugares de trabajo.  En países del tercer mundo” ciertas clases sociales piensan que “si ya usted se alfabetizó” no tiene razones para estar “pegado de los libros”, como si todavía estuviera aprendiendo a leer y a escribir.  Creen que después de ser “letrado” no hay que seguir leyendo.  En algunas pequeñas poblaciones leer demasiado está “mal visto”.  A un lector asiduo se le dice, de burla: “es un come-libros”.  Mirar la televisión, o la pantalla del computador, se consideran signos de “modernidad”.

El cine, la radio, la TV, los medios audiovisuales de comunicación todos,  han transformado la vías tradicionales de aprehensión intelectual.  Las imágenes pueden ofrecerse en “secuencias”, “bloques”, “movimientos”, que forman parte de mensajes significativos mayores.  Las palabras –habladas o en rótulos- son meros auxiliares o complementos del resto de las expresiones –colores, personas, objetos, sonidos-. La oración gramatical nos llega inserta en ideogramas, grafemas, acordes.

Los teléfonos celulares, con cámaras fotográficas, mensajes de texto o de voz, han venido a matizar o intensificar deslizamientos del viejo modelo de la lectura prolongada.  El portador de un “bibi” recibe avisos de un cliente, requerimientos de la familia, los precios “especiales” del supermercado, las noticias de último minuto.  Las letras del alfabeto siguen siendo esenciales como base antigua de una nueva comunicación poliédrica y polivalente.  El cerebro del usuario trabaja hoy en varias “frecuencias de onda”, todas  diferentes de la lectura reposada.