A PLENO PULMÓN
Caja de engaños

<STRONG>A PLENO PULMÓN<BR></STRONG>Caja de engaños

Todo el mundo conoce las cajas de música, las cajas de caudales, las cajas de muertos; pero difícilmente distinguimos o “reconocemos” las cajas de engaños. ¿Qué es una caja de engaño? Es un recipiente bien ornamentado, con aspecto “moderno y revolucionario”, cuyo contenido es “un conjunto” de medidas o disposiciones, de las cuales “se predica” que transformarán la vida nacional.  Después que se abren estas cajas, y “se despliega” todo lo guardado en su interior, vemos claramente que no sirven para los fines previamente argumentados y publicitados.

Ese fue el caso de la privatización del sistema de producción de electricidad. Se regiría por una Ley General de Electricidad, habría un “precio promedio en línea”; las presas con generadoras hidroeléctricas actuarían como “contrapeso y seguridad de todo el sistema”.  El Estado solamente tendría a su cargo “las redes de transmisión”.  No hay que decir que nada de esto ha funcionado del modo que se anunció. El Estado controla casi todo; casi todo el país esta apagado; y casi todas las empresas eléctricas son ruinas.

El Código Procesal Penal es otro caso de “caja de engaños”. El “corpus doctrinal” había sido revisado por juristas “avanzados”, que pondrían “al país en la vanguardia” de la administración judicial.  Seria “un código garantista”.  Al llevarlo a la práctica… se vio que no operaba en beneficio de la comunidad a la que pretendía “garantizar” los derechos al “debido proceso”.  Se había pasado por alto lo principal: las costumbres de la sociedad y el “talante” de los delincuentes.

Con la constitución “novísima” que ahora discute la Asamblea Revisora, ocurrirá lo mismo  que con el Sistema Eléctrico y el Código Procesal Penal.  Desde la primera ronda acerca del “método para modificar la constitución vigente”: consulta  popular, cámaras legislativas reunidas en Asamblea Revisora, elección de diputados a una Junta Constituyente, comenzaron a ponerse las tablas ensambladas de una “caja de engaños”.  Los “revisores” se burlarán de los consultados, de los juristas sabihondos, de la Suprema Corte de Justicia, de los ciudadanos honrados que les eligieron, y que ellos dicen “representar”.  El único “principio constitucional” que está claro para “la revisora” es el acuerdo Leonel-Miguel.  Pronto nos remacharán los clavos de otra caja de engaños.