A PLENO PULMÓN
Ataúdes y cunas

<STRONG>A PLENO PULMÓN<BR></STRONG>Ataúdes y cunas

Unos mueren, otros nacen; ese ritmo interminable de nacimientos y muertes engloba los dos términos de la “ley de la vida”.  Pero “los tiempos están cambiando”, dicen los vendedores de los mercadillos de Pekín.  Hoy se construyen más ataúdes que cunas, no sólo en la China continental.  La tasa de natalidad ha descendido drásticamente en toda Europa. El gobierno español otorga subsidios para educación a las parejas que tengan varios hijos.  La población del planeta siempre había crecido: los nacimientos eran más numerosos que las defunciones.  Ya no es así en muchos países.

La población de China supera los 1,400 millones.   El control de la natalidad, impuesto por los gobernantes chinos en las últimas décadas, apenas ha podido reducir la tasa de crecimiento.  Un trabajador chino casado solamente puede tener un hijo.  Faltar a esta norma puede ocasionar despido del empleo, supresión de servicios o de alojamiento.  En algunas zonas donde la producción es principalmente agrícola, a los habitantes se les permite criar dos hijos.  También a ciertas etnias minoritarias se les conceden “privilegios de procreación”.   Matrimonios europeos adoptan niños chinos o vietnamitas.  Y  los sistemas de seguridad social europeos se tambalean por reducción de los nacimientos.

Para que una persona tenga una pensión de retiro debe trabajar buen número de años.  Las contribuciones al fondo general las hace mientras está “en edad laboral”.  Después de eso, otras personas tienen que contribuir –con sus salarios, con el producto de su trabajo- para mantener a los viejos que ya trabajaron.  Los emigrantes de la América pobre toman el trabajo de los niños europeos que no nacen, que no han llegado a crecer en la cantidad suficiente.  Pero los emigrantes no son deseados ni apreciados cuando son “diferentes”, por la raza, la lengua, la cultura.  La necesidad hace que “les toleren”.

El control de natalidad en China se justifica argumentando que el crecimiento demográfico es insostenible económicamente; población y desarrollo económico son “antagónicos”.  En Europa, personas educadas, con buenos salarios, prefieren no tener hijos que “disminuyan” su bienestar y les carguen de obligaciones.  Ya viejas, las parejas adoptan niños asiáticos.  En ambos continentes, los adultos, egocéntricamente, han decretado que los ataúdes sean más importantes que las cunas.