A modo de despedida

A modo de despedida

POR FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
Bien, ya entró agosto, el mes en que saldrá del Palacio Nacional el peor gobierno que este país ha tenido en sus 160 años de independencia. Y, la verdad sea dicha, me aterra pensar en lo que puede pasarle a este país después del 16 de agosto. Y mucho más después de las imprudentes e increíbles declaraciones hechas por el presidente Hipólito Mejía en Azua, el pasado 29 de julio, cuando calificó de «mediocres e irresponsables» a los que asumirán el poder dentro de pocos (pero largos) días.

Luego de leer y releer las informaciones que daban cuenta de la actuación de Mejía en Azua y sacar las debidas conclusiones, me dije que el Presidente estaba exhibiendo una actitud harto agresiva cuando, en la posición de «cuerda floja» en que se encuentra él, y sus seguidores del PPH, autores claros del descalabro del PRD el pasado 16 de mayo, debía ser todo lo contrario.

Y pensé que después de lo dicho, le será muy difícil a Mejía asistir, como lo ordena la tradición, la cortesía y la buena educación, al acto de toma de posesión de los «mediocres e irresponsables» que se harán cargo de la cosa pública a partir del 16 de agosto.

También pensé cual sería la primera disposición del Presidente Leonel Fernández, además de anular las decenas de decretos que conceden pensiones del Estado a «tutili mundachi», y exoneraciones de vehículos a todo empleado público que tuviera «el ombligo por delante», incluyéndose, claro está, el propio Mejía y la vice-presidenta Milagros Ortíz.

Después de ese «plumazo», debe venir otro estableciendo un «impedimento de salida» a una partida de «respetables» ciudadanos, de aquellos que llegaron en chancletas al poder y salieron en yipetas (varias yipetas por cabeza), mansiones, apartamentos para sus «megas», etc., etc., etc. Cumplida esta

«misión», llevar a cabo investigaciones judiciales para sacar en claro quien se adueñó a mansalva de los recursos del Estado, quien cobró 100 por lo que valía 20 y quiénes dejaron el país en el estado de miseria en que se encuentra.

Terminadas las investigaciones habrá llegado el momento de gritar a voz en cuello…»¡es pa Najayo que van! Y, efectivamente, a Najayo deben ir todos aquellos, desde «el primero» hasta el último de los responsables de la quiebra de bancos, de llevarse dinero «prestado» en sacos de un banco, para pagar (o comprar) la campaña electoral congresional y municipal del 2002, etc.

Leonel Fernández tendrá una dificilísima situación ante sí, y el pueblo, partidismo aparte, debe darse cuenta de que si no acepta esa situación y coopera para salir de ella, podría verse envuelto en otra peor y que pondría «lo de abril del 1965» al nivel de un simple «pic-nic».

Y sería triste, sumamente triste y calamitoso para el presente y futuro del país, ver a las masas, empobrecidas al máximo en los últimos cuatro años, salir a las calles en busca de los culpables de su situación, que tienen nombre y apellidos conocidos por todos.

El simple hecho de que la Presidencia de Mejía no pudiera hacer mejor las cosas de lo que lo hiciera el pasado gobierno del PLD, señala ineficacia, mala administración, uso indebido de los recursos públicos y, finalmente, de que Mejía jamás tuvo ni la capacidad para ser Presidente de la República, ni la cordura necesaria para evitar que de su boca brotaran insultos y desplantes al por mayor y al detalle, impropios desde todo punto de vista en un mandatario.

Yo tengo que hacer público, por segunda vez, mi «mea culpa» por todo lo que ha pasado. Porque creí en Mejía y voté blanco. ¡ Dios mío, que error !. Y después, estuve dos años con la esperanza de primero, que las cosas se arreglarían, y segundo, creyendo en la palabra de un hombre que después de decir 42 veces (mal contadas) que no se reelegiría, se desdijo quedando ante mí y ante todo el país como un hombre sin palabra.

Entonces escribí mi primer artículo criticando a Mejía. Y llegaron a 48. Y en una ocasión me llamaron por teléfono para amenazarme si seguía «atacando al señor presidente». Recuerdo que llamé a un famoso abogado y le conté lo que me estaba pasando y agregando que si era víctima de «un fatal accidente», ya sabría él quien era el culpable.

Y ese «fatal accidente» estuvo al borde de pasar en noviembre del 2003 cuando, luego de pasar La Cumbre, rumbo al Cibao, dos individuos a bordo de sendas «Harley Davidson», motocicletas que cuestan una fortuna, se me colocaron a ambos lados de mi automóvil y me ordenaron «parquearme a la derecha». Pero yo sabía lo que pasaría si cumplía la «orden». Y me defendí. Al llegar a Bonao me dirigí al cuartel de la Policía Nacional y puse la correspondiente querella. Pero jamás he sabido más sobre el asunto.

Luego, un alto militar amigo me «exigió» que no «cogiera carretera ni solo ni acompañado», que «dejara de caminar en el Mirador del Sur de madrugada» y que «no saliera de noche». Desde ese momento he vivido prácticamente «de la casa al trabajo y del trabajo a la casa».

Y todavía no estoy seguro que un día aparezcan unos delincuentes pagados, tal y como pasó con el asesinato del senador Darío Gómez, y hagan «el trabajo» en que otros fracasaron en noviembre del 2003.

Si el pueblo no se aprieta el cinturón ante lo que viene; si el Presidente Fernández no toma las medidas que el pueblo espera para castigar a los culpables de su situación; si nuestra podrida justicia no es saneada como debe ser, entonces nos espera un incierto futuro.

Y, dicha sea la verdad, yo no deseo otro 24 de abril para la República Dominicana, porque el paso de retroceso que dimos al elegir a Mejía el 16 de mayo del 2,000, sería algo tan apocalíptico, tan inmensamente desastroso, que el país podría volver al tiempo de las revoluciones. Y oigan esto; en los primeros 65 años de independencia el país pasó por el viacrucis de 56 revoluciones. Y del 1930 al 2004, solo hemos tenido la de abril del 65.

Y, sinceramente, no quiero, no queremos una más. Solo quiero, solo queremos… ¡Justicia!