6 de mayo en la noche

6 de mayo en la noche

POR EDGAR REYES TEJEDA
Tengo que posponer, o en caso extremo relegar al olvido, comentarios en torno al merecido premio otorgado por la Feria del Libro a Radio Educativa Dominicana en razón de haber sido la emisora oficial de este magnífico evento, la notable conferencia ofrecida por el director de la Biblioteca Nacional José Martí de Cuba en tarde de sábado; la deliciosa experiencia de presenciar junto a mi hija Alanna Camila la representación del Gato Tonto por los títeres del teatro Cucaramácara y la puesta en circulación de un maravilloso poemario, Orígenes y Tiempo, de Ivelisse Fanith. Esto así porque el pasado seis de mayo en la noche conocí, conversé y me divertí junto a Edmundo Paz Soldán, escritor boliviano, y el magistral novelista argentino Federico Andahazi, ambos invitados especiales a la IX Feria Internacional del Libro.

Este inesperado, inefable encuentro, propiciado por el mágico arte o poder de convocatoria de Marivell Contreras, hizo que la noche de la referida fecha sea desde ya una marca fundamental, una huella luminosa en mi anodina biografía personal; y lo será porque en ella conocí anécdotas de grandes escritores, desentrañables enigmas y secretos irrevelables del oficio y la pasión que es la literatura, así como el deleite y el asombro de explorar las festivas rutas de la Santo Domingo nocturna y sabatina, junto a un escritor que tras vender más de tres millones de ejemplares de su primera novela (El Anatomista), mantiene el temperamento, la sencilla locuacidad y el descifrable corazón de un hijo de vecino de una criatura urbana simple y cotidiana.

Junto a Federico Andahazi, Marivell y Joan Bueno (El Propio), empecé a vislumbrar misterios intuitivos del quehacer literario cuyo conocimiento amplio y profundo sólo me podrían ser revelados por el tiempo o por el azar, que la literatura, como los abisales fondos de los océanos y el insondable cosmos no se descubre ni se aprende nunca, que escribir es un arte que se perfila, se depura y quizás toma madurez a través de una alquimia de placer y sufrimiento con la que el artista goza y gime; y sobre todo, aprendí que más que en talleres o cursos de narrativa o poesía, el conocimiento literario fluye y se impregna en la embriaguez de las noches y las páginas en blanco.

En esa fiesta de palabras, de exploración, de descubrimientos y de risas en que la noche del sábado seis de mayo en la que estuve, más en una suerte de paracaidista que de invitado, redescubrí muchas cosas que había conocido en algunos libros, constaté de manera irreparable e inequívoca la certeza de que el vicio literario por el que he sido capturado desde hace tiempo, y más que todo constaté con la sorpresa del relámpago que ciega y seduce, que leer y escribir son territorios simétricos de un laberinto alucinante que no tiene ni centro ni salida.

valdemar70@hotmail.com