50 Dominicanos Opinan

50 Dominicanos Opinan

POR FEDERICO A. MARTÍNEZ
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Una de las características de una democracia operante es la obligación de los representantes electos de responderles a los mandantes por sus acciones. Esto se viabiliza por la capacidad de hacer al mandatario responsable del cumplimiento de sus promesas de campaña. Al respecto el 72% de los entrevistados entienden que Nunca o Casi Nunca hay forma de obligar al funcionario electo a hacer lo que prometió.

En la misma pregunta incluí diferentes elementos de presión para lograr ese objetivo, de ellas sale la conclusión de que el votante dominicano sólo tiene una posibilidad de exigir el cumplimiento de las promesas de campaña: no volver a votar por el mandatario; por lo menos eso opina el 56% de los que respondieron esta pregunta.

El 31% de los entrevistados estimó que Casi Nunca o Nunca los medios de comunicación logran el objetivo como elemento de presión de lograr que los mandatarios cumplan sus promesas de campaña. Las iglesias vienen inmediatamente después, pues aunque tiene también el 14% de apoyo, el 34% entiende que su fuerza para obligar los mandatarios a implementar sus ofertas de campaña es poca.  Las huelgas y movilizaciones populares tienen sólo el 9%, así como el Congreso de la república. El 95% de los entrevistados entiende que las posibilidades de que se de un golpe de estado en República Dominicana es prácticamente inexistente.

¿Qué concluir? Democracia sin balance.  Esto es una contradicción de términos, la democracia funcional exige que el poder sea reactivo a la opinión del pueblo, pues la legitimidad del mismo emana de él. Una vez en el poder, el gobernante dominicano ha adquirido una patente de corzo que le permite ejercerlo a su mejor entender y sin que ninguna institución sea capaz de hacerle sujeto de su compromiso electoral.

Los medios de comunicación en República Dominicana son omnipresentes.  De hecho, cualquier bípedo implume tiene un programa, opina y entrevista. En los últimos años nos hacen sufrir vergüenza ajena abriéndole el medio a los “interactivos”; personajes de apodos graciosos cuyo modus vivendus es “representar” diferentes líneas de pensamiento (o de ausencia de ellos). La presencia supernumerosa de estos programas en los excesivos medios de comunicación existentes crea una ilusión de libertad, y esto se refleja en nuestra encuesta.  El 77% de los entrevistados opinan que si uno no está de acuerdo con la forma en que el gobierno está funcionando las personas tienen libertad de protestar pública y privadamente, sin embargo, el 85% de ellos entiende que si usted trabaja en el gobierno tiene que estar callado.

Mis entrevistados afirman que si uno no está de acuerdo con la actuación del gobierno (y no es empleado público) puede protestar, pero cuando entramos en el tema de la apertura de los medios a todo el que quiera protestar, el 48% se muestra indeciso, con un 33% que tiende a decir que sí, que están abiertos al público.

Llama la atención que cuando ponemos una alternativa institucional, “Someter los gobernantes a la justicia” un 80% opina que esto no se puede hacer Nunca o Casi Nunca, aunque uno no esté de acuerdo con la forma en que se está manejando algún aspecto de la nación.  Mi interpretación de estos datos me confirma la percepción de que vivimos en una supuesta democracia, sin balances, donde se asume que uno puede hablar, siempre y cuando no sea pasible de represalias inmediatas, pero donde los mecanismos institucionales de balance del poder del estado no existen o no funcionan.

¿Refleja esto talvez un resabio trujillista de la paranoia que hablaba el Dr. Zaglul? Creo que no hemos asumido nuestro rol de ciudadanos de una democracia con derecho a que nuestros mandatarios nos respondan por sus actos y el temor al estado sigue presente en cada uno de nosotros.

Dada la importancia que los medios de comunicación ejercen en la vida del país, quise averiguar la opinión de la relación de estos con la sociedad.

El 100% afirman que los medios de comunicación más importantes son propiedad de grupos de poder y el 87% opina que los dueños de los mismos sólo defienden sus intereses.  Un 48% entiende que los medios de comunicación y los partidos políticos tienen vasos comunicantes que hacen que exista una “conchupancia”, parafraseando a los amigos de “Aparte y Punto”.

Debemos concluir que el llamado “Cuarto Poder” es más bien el “Poder de los Cuartos”.

La propiedad de medios y a su manejo es un sujeto de la legislación en la mayoría de los países civilizados.  Siendo los medios de comunicación masiva la vía de expresión de la voz popular, asegurarse de su independencia e idoneidad es una necesidad social.  En nuestro país se ha permitido en esto, como muchas otras cosas, que siga el desorden institucional.  No hay leyes antimonopolio, ni luce factible que dada la relación estrecha de los políticos con los grupos de poder se pongan medidas de control que aseguren que los intereses de estos grupos, si bien legítimos, no ahoguen el derecho de la población a la libre información.

Si algo podemos concluir de este grupo de preguntas es que la democracia dominicana es una “dedocracia” en la mejor tradición Balaguerista; sin controles ni balances.  Todos tenemos derecho a una opinión, pero si es oída, nada asegura que será atendida. Podemos estar de acuerdo o no con la forma en que nos gobiernan, pero nuestros políticos nos han dejado sólo una puerta: elegir cada cuatro años uno de entre ellos mismos, que va al poder sin obligación de hacer nada de lo que ofreció y sin que tengamos ninguna forma de exigírselo.

Me preocupa que de todos los “A Veces Si a Veces No”, el más alto fuera “Las huelgas y movilizaciones populares lo pueden obligar a cumplir” (las promesas de campaña). Espero que la opción de la violencia ciudadana no sea la única que nuestra renca democracia le deje a la población para reclamar sus derechos.

LOS QUE QUEREMOS LA DECENCIA SOMOS MÁS

El autor es consultor de negocios.
Email: federico@promarketdr.com, www.tomandoencuenta.blogspot.com