¡Raúl Recio: El Joker de la acuarela!

¡Raúl Recio: El Joker de la acuarela!

“Habitamos en un mundo donde el modelo de desarrollo actual se concentra en la explotación sin piedad del medio ambiente. Devoramos política, deporte y farándula, encaminándonos a un futuro que promete destruirlo todo, degenerar nuestros paisajes ahogándolos en concentraciones inimaginables de productos químicos” … (Raúl Recio, 2019).

En los umbrales del del siglo XX, especialmente en Europa y América, la acuarela se revitaliza como disciplina artística autónoma. Desde luego, en 1804, un grupo de artistas ingleses disidentes de la Royal Academy, encabezado por William F. Wells (1762-1836), John Claude Nattes (1765-1839), William S. Gilpin (1762-1843), John Varley (1778-1842) y Francis Nicholson (1753-1844), fundaría la Society of Painters in Water Colours (hoy, Royal Watercolour Society) y ya en 1820, como legítimo género pictórico, la acuarela impacta la conciencia de los ultra-academicistas y poderosos jueces del Salón de París.
En 1910, aunque algunos textos sostienen la fecha errónea de 1913, el célebre artista y teórico ruso Wassili Kandinsky (1866-1944), ejecuta la primera acuarela abstracta. Hoy pieza insignia de la colección del Museo Nacional de Arte Moderno Centro Georges Pompidou (donada en 1976 por su viuda Nina Kandisnky), esta acuarela “sin título” a la tinta china y el lápiz con medidas de 497×648 cm, opera aún como uno de los máximos íconos estéticos de la modernidad.

Y es que se trata de una de las primeras pruebas materiales de la teoría estética renovadora que Kandinsky desarrolla en su texto mítico “De lo espiritual en el arte” (publicado en 1912), relacionando los principios de la música y la pintura, tales como la semiótica metafísica del color y el concepto del ritmo, así como enfatizando sobre la eticidad y/o el compromiso ineludible del artista con su tiempo, la naturaleza espiritual de la practica estética y la misma historia del arte.

En República Dominicana, Raúl Recio destaca con una personalidad y una lucidez creadoras altamente distintivas, además de una formación multidisciplinaria y una producción polifásica radicalmente disruptiva que determinan la especialidad de su arraigo entre los más brillantes, consistentes y exitosos polisintetizadores de los postulados estéticos retrovanguardistas y transvanguardistas del siglo XX.

La intensa conexión ontológica del más Recio de los cimarrones de la “Generación del 80” en Santo Domingo con las poéticas disruptivas primordiales del siglo XX no sólo se patentiza en la paradigmática integridad con que asume su condición de virtuoso fabulador del delirio; en el alto grado de sensibilidad social que trasluce su espléndida y desquiciante producción pictórica; en su preclara taumaturgia dibujística; en sus irreverentes acciones performativas o en su socarrona y cáustica obra gráfica, sino que también ha sido oportunamente apreciada por respetados especialistas del arte latinoamericano contemporáneo.

“Raúl Recio es un poeta y un bromista. Sin embargo, es un artista muy serio, y el más cercano de todos los dominicanos a la ultra vanguardia. Un iconoclasta irreverente, satiriza los trópicos queridos por el turista, resumidos en sexo, sol y mar. Encuentra gran satisfacción en ser un auténtico hijo del Caribe y en expresarse con total libertad” … (Marianne de Tolentino. “Misterio y misticismo en el arte dominicano”. BID, Washington, 1997).

Y, precisamente, ha sido la acuarela el medio escogido por Raúl Recio al hacer entrega de su más reciente exhibición individual en el país. Presentada por el Centro Cultural de España en Santo Domingo (29/11/2019-25/01/2020) en medio de una fraternal convocatoria consumada más allá de lo paranoico y lo cabalístico y compuesta por 360 acuarelas sobre papel de medianos y pequeños formatos, en esta muestra, el Joker Recio ha retornado con una demostración formidable de su personal dominio del dibujo, el diseño y la técnica pictórica de una sola sentada como lo es la acuarela.

Bajo el título de “Paisajes Químicos”, Raúl Recio matiza y sublima su lírica visual, siempre relampagueante y sugestiva, con una refinada ironía de cuño rebelde ante las heridas e infecciones antropógenas que sufren los bosques, los santuarios naturales y el paisaje dominicanos durante las últimas décadas. Cada uno de los trabajos, trasluce un objetivo que sólo Raúl Recio ha podido cristalizar de manera impecable y aun así nada puede aparentar más simple que esos juegos veloces del pincel cuyos trazos, manchas y puntos de bistre, ocre, verde, azul, rufo, gris, humo y carbón, se fusionan suscitando a penas lo esencial de sus preocupaciones y premoniciones ante el paisaje transfigurado.

Tanto los trabajos sobre papel como la misma instalación, construida con palos y vestigios de la naturaleza recogidos en Loma Miranda y Bahía de las Águilas, además de su genialidad en la notación sintética y a la hora de resolver sus más vivos, sutiles y sorprendentes “lavados” pictóricos, volvieron a recordarnos el compromiso social como signo identitario e indeleble de su obra global. Y en lo que tiene que ver con la acuarela, en cada una de estas obras y en su conjunto, resulta evidente que Raúl Recio imprime a la práctica de dicha técnica una rotunda voluntad ideológica, cromática y emotiva.