“Yo merezco una oportunidad”

“Yo merezco una oportunidad”

La Nochebuena de 2007 transformó la vida de Miriam Brito, pues ese día recuperó su libertad al ser indultada por el presidente Leonel Fernández, gracias a las gestiones de la Procuraduría

POR LEONORA RAMÍREZ

Cerrar las heridas, comenzar de nuevo, evitar que sus hijos repitan  las agresiones del pasado, encontrar la tranquilidad que José Castro le negó durante 19 años de maltratos físicos y psicológicos, son los eslabones que quiere alcanzar Miriam Brito,  indultada luego de que se le sentenciara a 20 años de prisión por la muerte de su esposo.

No le interesa hablar del pasado, de las golpizas que recibieron ella y sus cinco hijos, de las 117 querellas que interpuso en los tribunales sin encontrar respuesta, ni de las hazañas que hizo para mantenerse con vida.

Tampoco quiere revivir las malquerencias que ahora sellan la relación entre ella y la familia del difunto, aunque en ese caso quiere aclarar que la supuesta fortuna que dejó el comerciante se ha traducido en un mar de deudas, embargos, reclamos y pagos por indemnizaciones laborales, litis por compras ilegales y saldos de cuentas por la entrega de cheques a futuro.

Desde que salió de la Cárcel de Najayo, la Nochebuena del 2007, sólo quiere fortalecer la única empresa de la que se siente dueña: José Manuel, Sadam, Ariel José, Elvira y Margarita.

Ella está consciente de que la tarea es ardua porque se trata de construir una vida que no existía, hilvanando lo que se pueda rescatar del pasado.

Los once meses que estuvo en prisión le ayudaron a  templar su espíritu y a soñar con una libertad que no considera un privilegio, como alegan los familiares de Castro, sino un acto de justicia que fundamentalmente se merecían sus hijos.

Por eso agradece infinitamente, mientras sus ojos se humedecen, la decisión del presidente Leonel Fernández y las gestiones que en ese caso hicieron la Procuraduría General de la República, la Dirección de Prisiones y los grupos de mujeres que le dieron respaldo.

“Cuando las mujeres de San Cristóbal marcharon hasta Najayo, pidiendo mi libertad, yo me sentí querida, importante, porque la sociedad me respaldaba”.

LA CRISIS CON LA FAMILIA CASTRO

Pero no todos están conformes con esa decisión. Zoila Castro, hermana de la víctima, pidió a las autoridades una explicación por el indulto y por la desaparición de Elisa Deidania González, condenada  a 30 años de prisión por haber asesinado a Castro el 26 de noviembre del 2003.

Dos de los hijos de la pareja también estuvieron en reclusión durante dos años,  por participar en el hecho, de acuerdo con la decisión judicial.

El 11 de enero del 2007, la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia confirmó la sanción que dispuso la jueza Karen Mejía, el 2 de junio del 2006, al encontrar indicios suficientes que involucraban la responsabilidad de ambas mujeres en el asesinato de Castro.

 “Me siento tranquila porque se que hay más personas alegres que tristes por este indulto, pero me apena mucho que la familia de Castro no pueda entender que un beneficio para Miriam Brito es para mis hijos, porque en el momento en que la justicia me condena también lo hace con ellos,  que son la parte más afectada.

“Ningún niño elige nacer en una situación como la que vivimos, y después que una criatura nace la responsabilidad es guiarla, llevarla a la sociedad sin que haga daño, y ese es mi único propósito y es por lo que he luchado desde un principio”.

Al referir con amargura que en el pasado se le negaron todas las oportunidades, planteó que la libertad la va a aprovechar al máximo, sobre todo en beneficio de sus hijos.

INTERESES ECONÓMICOS

Ante los problemas suscitados con los familiares de su exmarido, Brito entiende que el origen de éstos es económico,  ya que se dijo que el empresario había dejado una fortuna de alrededor de RD$200 millones de pesos.

“El interés de ellos es económico, porque ellos me conocen desde hace 20 años, saben hasta dónde yo soy capaz de llegar, y al principio del apresamiento ellos se apoderan de todo.

“Cuando yo vengo a la capital después de pasado el caso yo tuve que comprar hasta una cama, porque mi casa de San Cristóbal fue totalmente saqueada por ellos”.

CASTRO: UN HOMBRE ATORMENTADO

Esta mujer de frágil figura y larga cabellera, que mientras sus amigas tejían sueños adolescentes ella amamantaba porque se casó a los 14 años, a veces cae en las trampas del subconsciente relatando un intento de suicidio o las tantas palizas  que recibieron sus hijos.

Cuando mira ese espejo admite que su corazón no anida rencores y que Castro –a quien la doméstica González acusó de haberla violado varias veces- era un hombre atormentado que creció en un hogar donde hubo muchos problemas.

Sin embargo, reconoce que el padre de sus hijos era un hombre muy trabajador.

SU ORIGEN

Brito, quien terminó el bachillerato en la Cárcel de Najayo, es oriunda de San José de Ocoa, de donde se trasladó con su familia hacia San Cristóbal, en 1979, cuando el ciclón David destruyó sus pertenencias y su futuro inmediato.

Al morir su padre, en 1984, comenzó a trabajar en un almacén donde le pagaban 60 pesos al mes, suma que servía para el sustento de ella y sus hermanos.

Tuvo la posibilidad de viajar a Estados Unidos, porque una hermana que consiguió la ciudadanía de ese país pidió a su madre y a todos sus hermanos, pero ella no pudo salir de la prisión en que vivía, por lo que el proceso se cayó.

LOS PLANES

“Lo único que le pido a la sociedad es tiempo para demostrar que en mí no hay ningún tipo de maldad”.

Con esa explicación Brito empieza a hablar de sus planes a mediano plazo.

El primero de ellos es estudiar Derecho para dedicarse a la defensoría pública, porque aunque entiende que se le ha hecho mucho daño, también ha recibido ayuda y quiere devolver un poco de lo que se le ha dado.

Conjuntamente tiene el empeño de ayudar a sus hijos mayores, para que se hagan profesionales y puedan llevar una vida normal.

LA EXPERIENCIA EN la cárcel NAJAYO

Estar privada de libertad en la cárcel de Najayo le dio a Brito una dimensión distinta de la vida, porque pudo conocer el drama de muchas mujeres que, empujadas por distintas razones, roban, son traficantes de drogas o asesinan.

Pero esas compañeras de infortunio les dieron tanto apoyo que, el día de Año Nuevo las echó tanto de menos que se puso a llorar.

En esa prisión hizo cursos de costura, de manualidades y relaciones humanas, y sobre todo leía sin parar libros como “Mujeres que corren con lobos”, “Cómo  enfrentar las situaciones”, “Qué hacer en un momento de dificultad” y “Cómo buscar la seguridad personal”.

“Esas mujeres me ayudaron a resistir porque encontraba en ellas a mis hijos y a mis hermanos, porque cuando necesitaba abrazar a alguien las abrazaba a ellas”.

La vinculación fue tan grande que esa prisión ocupa una parte importante de su vida, y por eso exhibe con orgullo las fotos de sus antiguas compañeras, y de las actividades laborales que allí se realizaban.

Estar allí, compartir con esas mujeres, demostró que yo no tengo problemas de convivencia, refirió Brito al cerrar las puertas de un pasado que quiere olvidar, pero del que quiere reivindicar su inocencia. “Yo tengo mi conciencia tranquila porque no fui responsable de lo que se me acusó”.

LOS HECHOS

El asesinato de José Castro, de 54 años, se produjo el 26 de noviembre del 2003, tras un prontuario de problemas familiares que nunca tuvieron sanción en las instancias donde emitían las querellas en su contra.

De acuerdo con el dictamen judicial, la responsable material del crimen es Deidania González, en complicidad con Brito y dos de sus hijos.

 El hecho consternó al país, y sobre todo a la comunidad de San Cristóbal, donde los amigos  y familiares de Castro conocían de los maltratos a que sometía a su esposa e hijos.