“Llorando por la leche derramada”

  “Llorando por la leche derramada”

A medida que aumenta la percepción en la población, de que la corrupción está generalizándose a la carrera, ya que tan solo al gobierno le quedan unos once meses en el poder, ha surgido un lloradero increíble de algunos funcionarios al ser señalados como corruptos por la opinión pública.

Con agresividad, los peledeístas, y sus bocinas más señeras, se defienden de las acusaciones de corrupción, pero ocurre que su actual estilo de vida y su bonanza manifiesta supera en mucho, no solo lo generoso de sus sueldos e ingresos oficiales, sino que sus estrecheces de cuando eran simples militantes de a pie, ha quedado en el olvido.

Los funcionarios peledeístas, que no han sabido comerse la gallina y ocultar las plumas, como bien sentenciaba el ocurrente  dictador Lilís, se consideran por encima del bien y del mal, hasta llegar a considerarse que su poder económico  les permite codearse con las fortunas más rancias del empresariado, que les ha tomado muchos años para amasarlas  y muchos buenos contactos con los gobiernos de turno.

El llorar por la leche derramada, que ahora gimen algunos funcionarios, es que no pueden ocultar sus villas en las montañas, o en las playas, o su exhibición constante en los restaurantes  más caros, o vehículos de lujo  o su desafío de no pagar sus cuentas de consumo eléctrico, llega tarde cuando la encuesta más reciente de la Gallup-Hoy deja muy mal parado a su candidato presidencial, proclamado el pasado domingo, el cual arrastra un pesado lastre, fruto de las ocurrencias de sus compañeros de partido, que antes se ufanaban de su verticalidad moral y honradez.

  Indudablemente que el estilo de vida de muchos funcionarios del gobierno le está ocasionando un severo dolor de cabeza al candidato presidencial peledeÍsta, que para luchar contra ese lastre necesitará  de un discurso mucho más  carismático y atrayente,  sin la frialdad de una oratoria que no atrae a los  potenciales seguidores, que componen el núcleo de la masa silente, la cual es la que decide quién debe ser el gobernante.

No hay duda de que la cúpula peledeísta  está preocupada,  no solo por las curiosas estrategias y maniobras políticas en desarrollo,  sino la desesperación de muchos de sus miembros más conspicuos  de querer sacudirse del embarre que acarrean por culpa de otros compañeros al sentirse atraídos  por la buena vida y hacer ostentación odiosa de la misma.

 Por lo anterior, resulta fuente para un estudio interesante  de la sociología política de ver a un hombre que salió desacreditado de su gestión gubernamental en el 2004, por los grandes desaciertos cometidos y por la rapacidad de sus seguidores más señeros, para convertirse en la esperanza de recuperación del país, tal como ocurrió con el doctor Balaguer en el 1966 y 1986 y con el doctor Fernández en el 2004. 

Los peledeístas, si son desplazados del poder en mayo del 2012, no tienen que buscar culpables fuera de ellos y no llorar  por la leche derramada, ya que ellos mismos se están matando como  ‘chacumbele’, no solo por la ostentación de enseñar de cómo se aprovecha el poder, sino de su prepotencia, engreimiento y parejería frente a los demás, en donde cualquier pequeño funcionario se exhibe con un guarda-espalda  y visita lugares que antes solo lo veían en anuncios.