“El que no te conozca… que te compre”

“El que no te conozca… que te compre”

POR  DOMINGO ABRÉU COLLADO
Había una vez en un pueblo de la sierra un señor que era muy cándido y distraído. Este señor se creía todo lo que le decían, por lo que los muchachos del pueblo siempre le estaban embromando.

Cierta vez en que venía al pueblo por la carretera halando un burro con una soga, dos muchachos quisieron gastarle una broma más. Al pasar el hombre por donde estaban escondidos, le siguieron sin que éste les viera. En tanto, iban soltando el burro de sus arreos para colocárselos a uno de ellos. De manera que cuando el hombre llegó al pueblo lo que llevaba de la soga era a uno de los muchachos.

Asombrado el hombre, cuando quiso amarrar el burro a la talanquera, le preguntó al muchacho -¿Y mi burro?- A lo que el muchacho respondió -Ay señor, su burro era yo. Lo que ocurre es que hace muchos años una bruja me había convertido en burro porque yo era una persona muy traviesa, muy mala y perversa. Pero gracias a usted y a Dios ya soy una persona otra vez y prometo no ser perverso nunca más-.

Dicho esto, y “comprendiendo” el hombre lo acontecido, se quitó el muchacho los arreos del burro y salió corriendo dizque lleno de felicidad por haberse librado del maleficio de la bruja.

Pasó el tiempo. Y en uno de sus viajes al pueblo un domingo de mercado se encontró el hombre con una venta de burros. Se acercó a la reata de asnos, y cual no fue su asombro al encontrarse con el burro que había sido de su propiedad. Pero recordando lo acontecido, y adivinando que aquel travieso muchacho, al parecer, había vuelto a las malas andanzas y las bellaquerías, se acercó al borrico y le susurró al oído: “el que no te conozca, que te compre”. Y siguió su camino.

A mi modo de ver, mucho se parece esta fábula a las situaciones de la política nuestra. En este caso, este hombre y su actitud son lo más parecido al pueblo dominicano, tanto por su candidez como por la facilidad en creer cualquier cosa que le digan.

Los muchachos bromistas vienen a ser los políticos, siempre engañando la gente. En tanto que el burro correspondería al país, cambiado, sustituido, vendido, comprado, revendido… o atado a la talanquera…

¿Pagoda navideña o torre pascuera?

¿Y qué rayos es lo que han puesto en el Malecón? ¿Una pagoda o una torre? Porque lo que es un arbolito navideño en nada se le parece, aparte de la cantidad de publicidad que se aprovechó para colocarle en la parte más visible (no iba a ser menos…)

Como han dicho que fue “para seguir la tradición navideña de la Capital”, permítanme hacer algunas consideraciones sobre lo que es una tradición.

Una tradición o actividad tradicional es un acto que se celebra por una razón inalterable, en una fecha fija, en un sitio fijo y en la que se utilizan artefactos, enseres, instrumentos insustituibles. Por ejemplo, el concierto de Navidad de la Catedral es tradicional. ¿Porqué? porque se celebra siempre los días 25 de diciembre, siempre en la Catedral, siempre con el Coro de la Catedral, siempre con piezas pura y exclusivamente navideñas.

De manera que, el… (me cuesta trabajo decirle arbolito)… esa cosa, no puede cumplir con una tradición cuando se han empleado elementos que nada tienen que ver con la Navidad ni con el inicio de la tradición de colocar oficialmente el Arbol de Navidad de la capital en el Malecón, aprovechando el obelisco.

El del año pasado estaba aceptable. Pero, ¿porqué cambiar las guirnaldas, bolas, luces y los otros elementos navideños por cajas superpuestas? ¿A quién se le ocurrió tan descabellada idea?

Si yo fuera Roberto Salcedo -el mejor y más eficiente Síndico que ha pasado por Santo Domingo-, no hubiera aceptado ese adefesio como el Arbol de Navidad de Santo Domingo. Para no desarmarlo (por lo costoso que saldría), yo optaría por cubrirlo ahora de los colgajos que se utilizaban, de bolas de colores, luces y ángeles para ocultar esa ofensa navideña.

Monumento a la chatarra

Este monumento que ven aquí no se le hizo exactamento al rodillo, a la aplanadora, aunque bien podría la aplanadora merecerlo por los “buenos servicios” que cada cuatro años realiza con los empleados públicos del turno saliente.

A mi modesto entender, el rodillo quedó definitivamente ahí por falta de mantenimiento, o por antigüedad en el trabajo, siendo esa área su última apisonada.

Para quienes interese pasar a ver dicho monumento, éste se encuentra donde estaba otro monumento muy particular, un supuesto busto a José Francisco Peña Gómez, pero con la efigie de Chuky, el muñeco diabólico, sólo que se trababa entonces de “Chuky, el muñeco diabólico tropical”, por “lo quemaíto” que les salió a los “artistas”.

Y déjenme meterme más con lo del “Chuky-Peña”. ¿A quién diablos se le ocurrió colocar un busto de Peña Gómez en un lugar que no iba a poder ser visto y mucho menos visitado?

Pero la pregunta más capicúa sería ésta: ¿Quién fue el “artista” que le hizo ese busto dizque a Peña y cuánto cobró? Y cómo conocemos esos medios, lo más probable es que el “artista” haya cobrado la hechura del busto por libra, porque si era por semejanza con Peña, a ese maldito “artista” habría que colgarlo por los coooolmillos.

Pero nada, ahí tienen un “parque-triangulito” con un monumento a la chatarra y a la aplanadora: un arbolito navideño que se queda todo el año, un espantapájaros vestido de Santa Claus sobre el monumento, y dos o tres bancos para sentarse a esperar que algún chofer fallido de la chaveta se descarrile y se encarame por el dichoso parquecito.

¡Dejen a la gente en paz!

Y hablando de la Navidad. ¿No creen los campañistas y propagandistas de los partidos que deberían dejar la gente en paz por lo menos en Navidad?

En Navidad la gente quiere PAZ. La gente no quiere seguir oyendo slogans políticos, discursos, promesas… (como esa de Pacheco y su afán de ser síndico), la gente quiere oír villancicos, oír que las canciones populares tradicionales de Navidad, oír que por lo menos en Navidad podemos querernos un poco más, oír a los niños deseando cosas de parte de Santa Claus y los Reyes Magos, oír que hay esperanza en que mejoraremos, oír la brisa, oír deseos de felicidad… NO las apolilladas promesas de los políticos.

¡Déjennos en PAZ, por favor! ¡Queremos una Navidad con PAZ! ¡Ojalá viniera un huracán loco y fuera de época para que se llevara solamente las vallas políticas y limpiara el ambiente visual!

Faltan 5 meses todavía para las dichosas elecciones congresuales. Ustedes pueden continuar sus campañas a mediados de enero. Pero por favor, déjennos disfrutar de la Navidad. Mejor váyanse de paseo de fin de año a París, Madrid, Pekín, Johanesburgo… descansen por allá, bien lejos y con todo pago -como normalmente hacen con el dinero del Estado y el pueblo- y permítannos disfrutar de su ausencia y de la Navidad.

Por favor, hágannos ese regalo de Navidad, desaparezcan de la radio, la televisión, las calles y las carreteras, que Dios se lo premiará haciéndolos a todos y a todas senadores y senadoras, diputados y diputadas, regidores y regidoras hasta que se mueran de tanto poder.